La culpa aparece cuando aprendiste que decir “sí” era la forma de ser amada.
Pero un NO no es rechazo.
Un NO es un acto de presencia.
Decir NO no te hace fría.
Te hace entera.
Cada vez que te eliges, algo dentro de ti respira.
No porque el mundo cambie.
Sino porque tú ya no desapareces.
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