Decir “no” puede parecer algo simple, pero para muchas personas es profundamente difícil.
A veces tememos decepcionar, crear conflicto o perder el afecto de alguien.
Con el tiempo, ese miedo puede convertir la complacencia en un hábito: aceptar más de lo que realmente queremos, callar lo que sentimos y posponer nuestras propias necesidades.
Aprender a decir no no es rechazar a los demás. Es reconocer que tu espacio interior también merece respeto.
Decir no puede ser incómodo al principio, pero también puede ser el comienzo de una relación más honesta contigo mismo.